Presencias

Proyecto Presencias  #proyectopresencias
Surgen de las piedras, de los muros semiderruidos, de antiguas fachadas encaladas que hoy son un mero vestigio de lo que hubo y apenas se sostiene. Metáfora del momento actual, del cambio de un modelo que ahora exige restaurar, rehabilitar: reconstruir, (re) evolucionar. Están ahí y hay que recordarlos. Para eso, aparecen rotundos y enormes. Emergen las huellas de un legado centenario. El eco telúrico que mueve la historia de una ciudad que es tantas cosas y muchas veces parece no ser nada. Juan Carlos Toro (Jerez, 1979) tiene un sueño. Otro más. Quiere escarbar en las paredes de la memoria de un pueblo, de su antiguo casco viejo, de sus barrios fundacionales que a duras penas se sostienen, y fundir sobre esa primitiva piel otro de los grandes patrimonios, esta vez intangible, de Jerez: el flamenco. Manuel Moneo y su hermano Juan El Torta, Fernando de la Morena, Diego Carrasco, Juana la del Pipa, José de los Camarones, Sordera, Tomasa La Macanita, Luis el Zambo, El Mono, Capullo, Mercé… Sus difusos y quejumbrosos ecos se hacen protagonistas en los callejones del alma de la ciudad y se revelan imponentes y solemnes sobre esas añejas tapias y paredes de Santiago, San Miguel y La Plazuela, San Mateo… Lugares desolados que renacen a base de apariciones. Espacios que reviven a partir de Presencias místicas donde se reflejan las voces de seres únicos, inclasificables, jondos. Apariciones, Presencias, que brotan del sueño de este artista jerezano empeñado en rescatar del olvido lo que nunca debería olvidarse. Ansioso porque hoy sea presente lo que ayer fue pasado.   Francisco Sánchez Múgica



LA AGONÍA DE DOS PATRIMONIOS

Por Adrian Fatou.

SURGE un grito, un lamento… adherido a los viejos muros de piedra o tapial se desgarra entre sus cicatrices.  Se cuartea como la piel envejecida. Se desvanece… y, lentamente, se apaga hasta convertirse en un fantasma, en un espíritu …, que recorre el barrio. Que brota de las entrañas de la tierra convocado a un aquelarre, y hace sus apariciones entre callejuelas, casas abandonadas, solares vacíos y fachadas semiderruidas. Vestigios de otros tiempos, de otras sociedades, de otra ciudad. Son los espíritus, las esencias de dos grandes patrimonios que Juan Carlos Toro pretenden convocar en este magnífico proyecto que no merece otro calificativo que el de arte con mayúsculas.
Porque una escultura, una pintura, una fotografía pueden ser bellas, pero sólo el concepto al que sirven les otorga la categoría de arte. Y en este proyecto, la estética, la indudable profesionalidad técnica de Juan Carlos Toro, fotógrafo de este Diario, se pone al servicio de un soberbio concepto, la agonía de dos patrimonios.
Retratos, entre otros, de Moneo, El Torta, Diego Carrasco, La Macanita…, captados por el autor,  constituyen el elemento formal que pretende dar vida al proyecto. La idea consiste en materializar estos retratos en papel y dimensiones de entre 4 y 5 metros, y adherirlos en distintos lugares del casco antiguo de nuestra ciudad, con motivo del Festival de Flamenco del próximo año.
Sin duda, una visión absolutamente diferenciada de todas cuantas hemos podido contemplar del flamenco en nuestra ciudad. Sin duda, un proyecto genial de un fotógrafo que ya nos viene acostumbrando a su capacidad de soñar y de materializar sus sueños. Seguro que aún permanece en la retina de muchos su anterior trabajo ‘Caleidos-Cádiz’.
Pues con esos ingredientes, Juan Carlos, cierra el círculo, cuadra el concepto, le pone el broche, y lo enmarca sobre los viejos muros de una ciudad en decadencia, de un solar baldío, de un patrimonio de nuestra  cultura que pide a gritos su puesta en valor, su rehabilitación, la recuperación de esos valores culturales. Un patrimonio que, como el flamenco grita… Emite un lamento, un quejío que desgarra las entrañas, y se desvanece… Como el tiempo desvanecerá estas imágenes hasta convertirlas en espíritus…